El Color de los Yogures es una antología de relatos (tan autobiográficos como auto-ficcionados, pues quién sabe lo que la mente infantil puede inventar) sobre los recuerdos de una niña en un barrio obrero de los años 80, con sus pervertidos, drogadictos, locos y demás.
Nos encontramos en una España posfranquista recién abierta a una modernidad que los adultos no siempre sabían gestionar, pues traía consigo la libertad de ver las tetas de Sabrina y La Bruja Avería en la tele, o los chavales con su bolsa de pegamento en la calle. Comienza con su primer recuerdo, el golpe de Estado. Haciendo uso de un tono menor, la adulta muestra en cada uno de ellos, de forma breve e intensa, cómo la niña de dos años evoluciona hasta una que, con diez años, ya ha aprendido a captar la realidad que la rodea, tan dura como entrañable, y que hoy se antoja lejana y borrosa.
Ana Ibáñez Moreno. Nací en un barrio obrero de una ciudad española a finales de los 70, en plena era posfranquista, con todo lo que eso conlleva. Tengo dos hermanas de sangre y otras cuantas más de vida.
He vivido en varios lugares del mundo, pero en el que más tiempo he pasado (casi diez años) y que más me ha marcado es Gante (Bélgica). Soy profesora universitaria desde los veinticuatro y he colaborado en varias instituciones a lo largo de mi carrera, unas veces como investigadora y otras como docente, siempre en el campo de la enseñanza y el tratamiento de lenguas. He sido y soy una gran empollona. Leo en cuatro idiomas, hablo bien tres de ellos. Eso es porque me gusta hablar. Espero, de hecho, aprender algunos más.
Trabajo en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y vivo en un pueblo de Madrid con mis dos hijos (Sena y Orión), que comparto con sus respectivos padres. Viajo mucho y, cuando puedo, me los llevo, aunque sea a ver una conferencia en Londres sobre un nuevo algoritmo que puede demostrar que existen universos paralelos. Es menos complicado de lo que parece.



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